Palabras Escritas

4 Julio 2009

CHARLES BUKOWSKI – CÓMO SER UN GRAN ESCRITOR

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(Tal vez el único escrito ajeno que publique.)

Tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.

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28 Junio 2009

CONFESIONES DE UNA CIUDADANÍA (SUICIDA)

Es más fácil gobernar una ciudad acostumbrada a

vivir en libertad utilizando a sus propios ciudadanos

que de cualquier otra forma.

MAQUIAVELO

La queja constante y el acto de echar culpas constituyen dos de las actividades más arraigadas de todo argentino que se precie de tal. Ambos accionares intentan justificar, por un lado, la perpetua pasividad de una sociedad que ya no elige -no por ser oprimida sino por haragana- y, por el otro, silenciar los pequeños atisbos de conciencia social que se resisten a morir en una ciudadanía suicida.

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7 Junio 2009

SE CASA MATÍAS – CAPÍTULO III Y FINAL

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Lo que pasaba ahora era que todos temíamos que el grupo nos abandonara. Tal vez ese era el sentido oculto de la terminante propuesta de Diego. Que, ante el temor de que el grupo nos abandonara para siempre, ninguno se atreva a casarse. No estaba mal pensado, de no ser por el hecho de que no hay amistad que compita ante el amor de una mujer. Al menos para nosotros, Diego había tenido muchos más amores que nosotros pero nunca se había distanciado. Los demás nos habíamos puesto de novios al salir del secundario y así permanecíamos sin conocer ninguna pluralidad en cuanto a mujeres se refería.

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SE CASA MATÍAS – CAPÍTULO II

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Después de unos minutos de insistencia, Matías se cansó y se fue abrazado a su futura esposa, mientras nosotros seguíamos esperando a Diego. No planearíamos ninguna estrategia hasta que él llegara y nos diera su aval. Diego era el único soltero y, un poco por eso y otro poco porque era el que mejor jugaba, lo respetábamos más que a ninguno.

Llegó sin hacer mucho espamento cuando ya era de noche, típico de él, con sus infinitos cuadernos bajo el brazo y abrigado como si estuviera en Canadá. Apoyó los cuadernos, nos miró y como un médico que se dirige a la familia del paciente, dijo: No creo que podamos hacer nada. A los demás no nos cayó nada bien la repentina resignación. En el fondo, todos sabíamos que no se podía hacer nada, pero igual había que hacer algo. Diego se fue a lavar los dientes (siempre se lavaba los dientes antes de tomar alcohol) y mientras se enjuagaba, el portero golpeó la puerta. Le entregó a Juan un papelito. Juan se sentó, lo miró y anunció que para leerlo había que esperar a Diego. A Diego siempre había que esperarlo: al principio era molesto, pero a fuerza de insistencia, ya nos había acostumbrado.

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6 Junio 2009

SE CASA MATÍAS – CAPÍTULO I

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Estaba tomando unos mates con Laura cuando sonó el teléfono, interrumpiendo la merienda con noticias inesperadas. Atendí. La novedad era tan inesperada que Laura debió haber notado algo raro en mi cara ya que inmediatamente preguntó qué pasaba.

¿Qué pasa?

¡Me pregunta qué pasa! Se casa Matías, ¡eso pasa!

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5 Junio 2009

LA GALERÍA – CAPÍTULO VIII Y FINAL

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Un hombre desgarbado, de unos veinticinco años, se paseaba de un lado a otro en el corredor de un hospital humilde pero bien equipado. La ceniza del decimosexto cigarrillo caía sobre su barba sin llegar al piso. Castaña oscura, tupida, le cubría completamente las patillas y el mentón. Se le acercó una enfermera y le recordó por quinta vez que no se podía fumar en el pasillo. El impaciente muchacho le dijo que cosas como las que aguardaba no sucedían todos los días y que quería estar cerca de la habitación donde su esposa atravesaba esos sufrimientos delicados y exquisitos. El eco de sus gritos llegaba hasta el pasillo y la enfermera –rubia y regordeta- le guiñó un ojo antes de irse a limpiar las escaleras.

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LA GALERÍA – CAPÍTULO VII

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Los cinco minutos transcurrieron lentamente mientras Dante aguardaba algún final, sentado en uno de los escalones del vigésimo cuarto piso. Hubiera jurado que antes de que el reloj terminara su curso, se presentaría Dominic para confirmarle alguna respuesta pero no fue así: el viejo no volvió nunca. Dante se quedó mirando el centro de reloj, viendo cómo los granitos iban descendiendo de a uno hasta que vio caer el último y cerró los ojos, con temor de sentir algún dolor. Los volvió a abrir y con terror notó que todo seguía igual.

No sucedió nada.

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4 Junio 2009

LA GALERÍA – CAPÍTULO VI

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Cuando volvió en sí, lo primero que hizo fue asomarse con cuidado para ver el reloj. La caída lo había dejado inconsciente por un largo rato y constató con espanto que la cantidad de arena restante hacía suponer que, como mucho, le quedaban tres horas antes de que todo terminara. Antes del traspié, Dante había llegado a la conclusión de que todos los humanos, al morir, debían desembocar en una galería similar: condenados a vagar el resto de su muerte entre doce sucesos de un pasado que no recordaban. Pero ahora, un poco aturdido por la caída, le sucedió otro pensamiento: en el caso de que no fuera suficientemente válido el hecho de vivir noblemente por el sólo hecho de estar vivo, era necesario existir con cierta excelencia para, al menos, procurarse un gran abanico de placeres en la eternidad. Lamentó no haber descubierto aquello de antemano ni poder alertar a los hombres sobre esa confidencia que le otorgaba un sentido póstumo a la vida.

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3 Junio 2009

LA GALERÍA – CAPÍTULO V

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Dante estaba convencido de que sus conclusiones, hasta el momento, eran exactas y justamente por eso debía actuar con rapidez y temeridad. Pero como las puertas eran realmente infinitas, necesitaba tener una noción del tiempo con el que contaba. Observó detalladamente: la parte superior del reloj contenía en ese momento aproximadamente dos tercios del total de arena. Eso significaba que le quedaba dos veces la cantidad de tiempo que llevaba en el cilindro de múltiples arterias. Trató de calcular las horas que llevaba allí, pero desconocía cuánto tiempo había pasado inconsciente. De todos modos, supuso que el reloj se habría activado con su despertar y, si sus cálculos no fallaban, hacía alrededor de siete horas que estaba vagando por el edificio. En síntesis, terminó concluyendo que le quedaban alrededor de quince horas antes de su desvanecimiento total. Pero en ese momento se dio cuenta de que no le había preguntado al viejo cómo escoger las puertas, de qué modo dejar en claro que aquella puerta que había abierto era una de sus elegidas.

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2 Junio 2009

LA GALERÍA – CAPÍTULO IV

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El reloj era monstruoso. Tenía la altura de un poste de luz y el ancho de un par de automóviles. Su transparencia era tal que no admitía ningún reflejo posible. No obstante, lo primero que acudió a la maltratada mente de Dante fue la certeza de que, si la suposición anterior era correcta, quizás todavía no se había terminado de cumplir. Volvieron a recaer sobre su apesadumbrada cabeza los mismos interrogantes del principio, pero con una nueva y poderosa intranquilidad: ¿Qué significado tenía allí, en el medio de la nada, la existencia de un reloj cuya arena caía raudamente de un embudo a otro? La mayor incógnita, la más aterradora era desconocer si su cuenta regresiva marcaba un final o un comienzo. No sabía qué iba a suceder cuando las pequeñas cristalizaciones de aquel cuarzo estuvieran todas en el mismo cono, pero sabía que algo ocurriría. Como si eso no fuera tormento suficiente, en medio de sus sospechas oyó la voz del anciano.

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