EL DIEZ PATERNAL
La vida de Sandoval, desde que llegó a Buenos Aires -y hasta que le aguantó el cuerpo-, había sido timoeada por dos cuestiones: el trabajo y el fútbol.
Cruzando el río, algunos años atrás y un par kilómetros al este, sus amigos y padres le decían Alvarito, nombre que trató de evitar en todos los ámbitos, menos en el futbolístico. En el único lugar en el que Sandoval seguía siendo Álvaro era en la cancha. En el resto de las actividades, se conformaba con ser Sandoval, como lo llamaba su patrón cada cinco de mes para avisarle que la plata se iba a demorar una semanita más.
Y UNA NOCHE, LO SACARON A CRISPI
El cronista que tiene a su cargo el seguimiento de la selección tiseniana de sloten no puede ocultar su alegría. Sí señores, después de tanto patalear, de insultar, incluso de demostrar empíricamente que era un jugador menos en el Cóbuc (fue nombrado por el relator 5 veces contadas en el cuarto tiempo del match de esta noche), la Libélula Crispi fue sustituido.
Es cierto que faltaban cinco minutos para finalizar el encuentro, pero es menester abrazarse a una esperanza. Por algo se empieza. Tal vez la próxima sea faltando diez, luego quince y, en una de esas, para el Torneo Internacional de 2018 logramos deshacernos del muchachito para siempre.
Y UNA NOCHE, LO PUSIERON A PÓLASTEK…
Sepan disculpar las ganas de editorializar rápidamente de este cronista, pero Tisena está colmando la paciencia de muchos de los periodistas y amantes, no sólo del sloten, sino también de la justicia.
Tisena no decepcionó: se esperaba que hiciera cualquier cosa menos jugar al sloten, y así fue. Muchos se llenarán la boca hablando de la mística, de las casualidades, del destino, de la varita mágica y otras tantas paparruchadas. Pero alguien debe decir la verdad.
TISENA DEFINE SU CLASIFICACIÓN
Nadie sabe cómo se llegó a esto, nadie lo puede explicar. Pero el Seleccionado de sloten de Tisena tiene muchas chances de quedar afuera del próximo Torneo Internacional, si esta noche no le gana al combinado de Galatea, uno de los equipos más flojos del continente.
El contexto es verdaderamente aterrador, triste pero, por sobre todas las cosas, reina en el pueblo una sensación de desgano, de desengaño, de desinterés. Nunca había sucedido algo parecido en Tisena.
JAPÓN
Tenía casi cuarenta años y caminaba sin rumbo fijo. Con la mirada perdida, como si no supiera hacia dónde iba, pero conociendo el punto exacto en que el destino quería colocarlo. Casi no levantaba los pies ni para trepar los cordones de la vereda. Avanzaba por la mano derecha de la calle, pero miraba siempre a la izquierda, esperando reconocer algún detalle, alguna evidencia que colocara a su sensación en un plano superior al de la simple locura.
CÓGITO
“La razón me convence de que a las cosas que
no sean enteramente ciertas e indudables, debo
negarles crédito con tanto cuidado como
a las que me parecen manifiestamente falsas.”
René Descartes.
“Un oráculo… Pero por favor, ni a los griegos les daba resultado eso. Como decía Pierce: todo porvenir ya sucedió”. Ágata se repetía constantemente ese razonamiento mientras subía por las viejas escaleras que llevaban al departamento de Dafnis, una bonita muchacha que adivinaba los porvenires en Once. “Los años no vienen solos”, pensó mientras las várices le producían un profundo malestar en todo el cuerpo. Estaba segura de que el eco que producían sus zapatos al chocar con los escalones resonaba en todas las habitaciones del edificio. Cansada, como los maridos que hacen zapping cuando su mujer se queda dormida, llegó al séptimo piso y golpeó la puerta que tenía una C debajo del dintel. Nadie respondió. Pasaron unos segundos y decidió entrar. Todo estaba como siempre: la habitación oscurísima, las paredes pintadas de negro y también aquella luz azul que iluminaba el largo pasillo que conducía a la puerta amarilla. Sin golpear, entró; una joven hermosa con los ojos cerrados y vestida de verde oscuro la instó a sentarse. Dafnis llevaba ropaje escotado, varias binchas, los párpados pintados de violeta y algunos collares que pendían de su largo cuello, con ternura infantil.
CONFESIONES DE UNA CIUDADANÍA (SUICIDA)
Es más fácil gobernar una ciudad acostumbrada a
vivir en libertad utilizando a sus propios ciudadanos
que de cualquier otra forma.
MAQUIAVELO
La queja constante y el acto de echar culpas constituyen dos de las actividades más arraigadas de todo argentino que se precie de tal. Ambos accionares intentan justificar, por un lado, la perpetua pasividad de una sociedad que ya no elige -no por ser oprimida sino por haragana- y, por el otro, silenciar los pequeños atisbos de conciencia social que se resisten a morir en una ciudadanía suicida.
SE CASA MATÍAS – CAPÍTULO III Y FINAL
Lo que pasaba ahora era que todos temíamos que el grupo nos abandonara. Tal vez ese era el sentido oculto de la terminante propuesta de Diego. Que, ante el temor de que el grupo nos abandonara para siempre, ninguno se atreva a casarse. No estaba mal pensado, de no ser por el hecho de que no hay amistad que compita ante el amor de una mujer. Al menos para nosotros, Diego había tenido muchos más amores que nosotros pero nunca se había distanciado. Los demás nos habíamos puesto de novios al salir del secundario y así permanecíamos sin conocer ninguna pluralidad en cuanto a mujeres se refería.




