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Archivo para Septiembre 2008

EL SÍNDROME DE PETER PAN

27 Septiembre 2008 | leandro | Deja un comentario

De una mujer que valiera tanto como para pelear un lugar con todas mis demás actividades. Una mujer que me genere el sentimiento de tener que ser ella, siempre, la primera opción. A medida que fui creciendo, leyendo, desarrollando mi intelecto y despreciando mi lado emocional comprendí dos cosas. Una: la importancia de la mujer como hecho estético, aislado del mundo y sin siquiera generar una conversación, sin relación alguna; la belleza femenina por sí sola. Dos: la mujer absoluta es muy posible que no exista, que sea una hermosa utopía literaria.

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JUSTAMENTE POR ESO

11 Septiembre 2008 | leandro | Deja un comentario

La noche teñía de complicidad y anonimato a una ciudad que amenazaba con ser extremadamente normal. El departamento estaba oscuro en su totalidad, como lo había estado también durante el día, ya que  Juan jamás levantaba las persianas. Había heredado tanto el departamento como una importante suma de dinero que le permitieron transitar una vida solitaria y sin necesidades sociales, ni siquiera las del empleo. Juan sólo salía de noche, cuando tomaba su Nikkon reflex con lente desmontable, y se dedicaba a fotografiar la ciudad. Cada noche se proponía el descubrimiento de algo distinto; algún lugar nuevo que visitar, algún flamante humano al cual observar, o alguna mujer que pudiera desviarlo de todo lo demás.

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MENSAJE DE TEXTO

6 Septiembre 2008 | leandro | Deja un comentario

Hacía mucho tiempo que Damián no la veía, pero eso no era excusa para no recordarla, para no recorrerla mentalmente, para no llorarla, para no sufrirla, para no amarla.

¿Extrañarla? Para nada. Era esa sensación de poder potencialmente amarla hasta el final de los tiempos, hasta el Apocalipsis mismo. Ese sentimiento realmente eterno que se percibe cuando no se habla ni se establece relación con la mujer que es objeto de nuestro amor.

El 105 hasta el Correo Central. Alrededor de cincuenta minutos de puro pensamiento ineludible. Se puede tratar con libros, con música, con observar a alguna muchacha y tratar de imaginar o inventar la historia que hay detrás de sus pechos. Se pueden intentar infinitas vías de escape, pero los viajes en colectivo obligan al pensamiento y a la retrospección.

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LO QUE NUNCA SUCEDE

6 Septiembre 2008 | leandro | Deja un comentario

Habíamos caminado desde San Telmo hasta Puerto Madero, y de allí hasta Santa fe y Callao. La ciudad se da esos lujos, nos hace caminar durante horas sin que nos demos cuenta entre sus edificios centenarios, los pocos adoquines que quedan y sus mujeres hermosas. Y justamente de esto último se trata lo que voy a narrar a continuación. Mi compañero y yo decidimos hacer una parada en Clásica y Moderna, 70 años de historia de un pedazo de la ciudad. Uno de esos pedazos que brillan y reflejan los rostros de sus habitantes que, por esos pagos, son todos hermosos. No era el sitio que más nos identificaba, pero nuestra rueda de bares porteños a veces nos lleva a lugares que nada tienen que ver con el aislamiento, la mugre, los juegos de azar o los banderines de algún club de fútbol.  Bebimos unos cafés, procuramos decir algunas verdades y nos retiramos. En realidad, nos echaron ya que comenzaba un show de tango para turistas. Riesgos que se corren cuando uno se aleja de la avenida Corrientes. Caminamos por Callao hasta Lavalle y nos despedimos. Encaré a la parada del 24, poniendo mi mano derecha sobre la mejilla del mismo lateral, como si eso aliviara el dolor que producía la ausencia de mi muela.

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UNA TAZA, UNA JARRA Y EL RESTO DEL UNIVERSO

6 Septiembre 2008 | leandro | Deja un comentario

Estaba sentado plácidamente en la silla que descansaba junto a una mesa, de la habitación de la casa de su abuela que daba a la ventana, mirando la repisa, como había sucedido aquella tarde. Sucedió otra vez.

La taza de café se empezó a desdibujar, fundiéndose con el resto de la realidad. Su visión hacía foco (como una cámara con poca profundidad de campo) en la taza, pero absolutamente todas las cosas del universo que no eran esa taza, se iban sumando a la imagen, convirtiéndose en un eterno moiré, hasta que la taza misma también desapareció.

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