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Archivo para 12 Octubre 2008

MIEDO

Mi habitación, yo. Solo. A oscuras. La luz del monitor. Un cigarrillo. Una botella por la mitad. Solo. Afuera, el mundo. Se oyen risas, bocinas, gritos.

Parece divertido.

Adentro. Gente bailando. Gente hablando. Gente excitándose. Gente.

Afuera, yo. Solo. A oscuras. La luz de la luna tenia demasiado marketing… no me ilumina. Un cigarrillo. Una botella por la mitad. Solo.

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MAL PRESAGIO

12 Octubre 2008 | leandro | 2 comentarios

“Me siento solo, sin un amor, me siento solo… bajo la rambla estoy.” Tristes canciones de rock que no dicen nada y dicen todo. Rodeado de amigos y familiares, la soledad es inevitable. No logro sentirme a gusto con nadie. Toda la gente que se me cruza me da asco. Pasa el tiempo y las cosas no hacen mas que empeorar. Me acuerdo cuando a los 18 pensaba que el dolor y el vacío eran pasajeros. Que inocente. “Caminante no hay camino, se hace el camino al andar.” Canciones que escucharon mis padres. Serrat tiene razón pero se olvido de aclarar que el camino era de una plaza. No hay caminos multitudinarios. No hay caminos en pareja cuando uno busca algo mas que formar una familia ni divertirse en lugares oscuros rodeado de alcohol y mujeres efímeras. Cuando se tiene algún interés adolescente por cambiar el mundo. Cuando aun se busca un poco de eternidad. Cuando la utopía se resiste a morir. Cuando el arte se hace necesario para escaparse de la gente. “Dios hizo al mundo en seis días, y el séptimo descanso”. Hubiera sido interesante que no descansara… algo se olvido. O no, y ahí esta la gracia, a quien le importa a esta altura.

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LA MEJOR FELICIDAD ES LA META INALCANSABLE

Soy infeliz. Y me gusta. En cierto punto lo necesito. ¿Usted no? La felicidad fue abordada desde muchas perspectivas diferentes. ¿Salud, amistades, amor y dinero que provenga de trabajar de lo que uno quiera? A mi no me alcanza. ¿El amor es el 80% de la felicidad? No me sirve. No es que quiera transgredir, pero ambiciono más.

Seamos sinceros, siendo felices nos perdemos de las cosas más interesantes y bellas del mundo. ¿Que puede ver uno de bello en una novela si uno es feliz? ¿Que puede uno sentir al escuchar una canción errante si es feliz? Si ser feliz implica perderse de esas cosas que llenan el alma, créanme que elijo ser infeliz. Si yo fuera feliz no escucharía la música que escucho, no leería, no dibujaría, no escribiría, no miraría el cine que miro, no me indignaría con las cosas que me indigno, no me importarían muchas cosas que si me importan. Ya lo dijo un sabio, la felicidad es el peor enemigo de la creatividad. Yo no quiero perder la poca creatividad que tengo. ¿Usted quiere?

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ILUSIÓN RESIGNADA

Por más que intente decirme a mi mismo que ilusionarse es una mentira y que no debo hacerlo, al más mínimo contacto con una mujer que me agrade, se engendra sola la ilusión. Conozco a una mujer que me agrade y ya me es imposible no verme con ella en algunos meses, juntos abrazados y de la mano. ¿Por que me pasa eso? ¿Porque soy tan fácil? ¿Por que vuelo sin alas? ¿Será por la escasez que me acompaño durante estos años? No lo se, pero espero que las ilusiones alguna vez se conviertan en un amor, aunque sea para terminar desilusionándome, pero no sin antes haberse transformado. Y hay algo, no se bien por que, que me dice que esta vez puede ser realmente serio… pero en definitiva (y mas allá de muchos otros factores) dependo de mi mismo… Es lo que mas me preocupa…

GAME OVER

Cansado ya de que la ilusión y la desilusión sean tópicos frecuentes en mis pensamientos transcriptos, me decidí a buscar algún tipo de explicación científica para mi obsesión y poder dar por terminado el tema. No la encontré. Pero hallé una buena explicación gramática a mi eterno interno debate. Según el diccionario hay tres definiciones que corresponden al fonema “ilusión”, que reproduzco a continuación:

1)      Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.

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FICCIÓN

Mi extraña condición hace que me pregunte por que existe gente tan trivial, tan amable, tan sociable en el buen sentido de la palabra, tan aparentemente abierta, tan caritativa, tan dispuesta a tener siempre el mejor humor y la mejor cara con gente que ni conoce. Me lo preguntaba a menudo porque para mi era imposible ser alguien así. Y me preguntaba como hacían para vivir de esa manera. Yo estoy seguro de que, para ser como ellos, yo debería fingir. A esta altura creo que la respuesta la supe siempre. Esa gente que describí no existe. Todos fingen. En mayor o en menor medida, pero todos fingen. Todo es ficción. Lo único real es uno y sólo hasta cierto punto. Como dice Dolina cada vez estoy más convencido de que no hay comunicación posible. De que nadie conoce a nadie. De que nadie quiere a nadie.

Todo esto viene a cuenta de uno de mis lugares comunes. Todo termina en una desilusión. Me encantaría decir, como alguna vez dijo Fox Mulder, que no encontré lo que buscaba, pero sí fe para seguir buscando. Pero la realidad es que precisamente porque encontré lo que alguna vez busqué, perdí la fe y las ganas de seguir buscando.

ESPERAR

Uno termina por admitir (un poco a fuerza de voluntad) que el problema es uno mismo. Mi problema quizás sea esperar demasiado de todo. De un libro, de un disco, de una película, de una mujer. Así es mas fácil desilusionarse. Mientras uno no espere nada de nadie, no hay riesgo alguno. La vida es buena. No hay decepciones, porque no hay ilusiones. Quizás así es como deba ser. Pero es muy difícil. Aceptar eso significa estar aceptando, demasiado temprano, que la vida va a ser demasiado individual y eso nunca es bueno. Pero, por  ahora no lo puedo evitar. Es lo único que se me ocurre pensar para explicarme ciertas cosas…

ESO QUE NO ES FELICIDAD, ¿QUÉ ES?

¿Cómo se llama eso que uno siente a veces cuando termina de leer un libro? Eso que uno percibe cuando termina de charlar con un amigo y ver sus pensamientos reflejados. ¿Cómo llamar a la sensación que te produce ver tus propias inquietudes en la palabra de otros? ¿Qué nombre ponerle al éxtasis que uno experimenta al terminar de escribir eso que podría haber muerto en pensamientos, pero que ahora es eterno? ¿Cómo llamar a todas estas cosas (y muchas más) cuando uno sabe que no es feliz? Hace tiempo que adopté el término “plenitud” para este sentir. La sensación de estar completo, lleno, pleno. Me conformaba con esa definición de mi estado en las situaciones antes mencionadas hasta que, con el paso del tiempo y las caricias de varias hojas ajenas, me despertó una figura femenina. Sobresaltado abrí los ojos y la vi. Era una pregunta: ¿Lleno de que? No supe que decir y fui puesto a dormir otra vez. En estos días me animo a esbozar una respuesta: lleno de infelicidad, desilusión y angustia. No parece ser un coktail muy recomendable, pero la sensación es muy placentera. No se compara con la felicidad, efímera pero hermosa. Pero es más que un digno premio consuelo cuando los milagros no nos sonríen.

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DES

En estos últimos meses me sucedieron muchas cosas. Cambios. Siempre que se da uno, por mas mínimo que sea, espero que me aleje de aquella frase que alguna vez leí y que adopté como hipótesis primaria: “Todo es mentira”.  Cambios y sucesos que me alejen de mi yo original con la esperanza de terminar, aunque sea una vez, descreyendo de esa frase. De terminar descreyendo que toda ilusión acaba por desilusionar, que toda esperanza termina por desesperanzar. Confieso que mi voluntad influyo en ese sentimiento, en esa búsqueda de una esperanza perpetua. Es claro que cuando la voluntad influye en un deseo, presagia lo peor. Parece imposible que toda esperanza o ilusión no terminé por adoptar el prefijo “des”. No hay duda. No nací para ciertas cosas.

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HISTORIA DEL HOMBRE QUE SE HABÍA HINCHADO LAS PELOTAS

A Ernesto Fosatti le habían sucedido muchas cosas en los últimos tiempos. Había conseguido un nuevo empleo, se había mudado (dejando atrás a su familia) a un modesto departamento en Congreso, se estaba por recibir y se había separado. Se iba colocando metas para sentirse mejor consigo mismo, ya que se creía alguien bastante distinto, que nunca terminaba de encajar en ningún lado. Ernesto escribía en sus ratos libres y, quizás gracias a eso, comprobó que él era simple, que no era él el complicado, aun a pesar de ese rotulo que le habían impuesto. Una tarde de sábado, al volver de su trabajo (odiaba trabajar los sábados) comprendió que no era él el que no encajaba. Que no se odiaba a si mismo. Que no estaba indignado con su forma de ser. Se dio cuenta, en un repentino relámpago de razonamiento, que estaba hinchado las pelotas. Hinchado las pelotas de la gente. Hinchado las pelotas de ser una buena persona y ser tratado como un imbécil. Hinchado las pelotas de ser usado por personas que creía sus amigos y, especialmente, de ser usado por la mujer que lo acompaño durante tanto tiempo y por quien él, había postergado tantas cosas. Sus amigos y conocidos lo retaban por pensar de esa manera. Le decían que no podía pensar así de toda la gente, que no sea inductivista y, mientras lo tildaban de exagerado, lo evitaban o salían corriendo cuando el los saludaba. Se preguntó, entonces, por qué si se estaba por recibir, si veía con buenos ojo su cambio de empleo, si había podido construir, paso a paso, su propio hábitat y si, por fin, había dejado atrás a la mujer que le había robado su vida, todavía sentía un gran vacío en el alma y unas irremediables ganas de no conocer a ninguna persona… nunca más. La respuesta era simple… había confirmado todos los prejuicios (que en realidad eran uno solo) que tenia en su adolescencia. Y nunca es agradable confirmar un prejuicio. Después de tanto batallar, de tanto preocuparse, de tanto dar sin exigir remuneraciones, recordó aquella fatídica frase que tanto complicó su juventud; “estaba mejor solo”.

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