A MODO DE DISCULPAS
Algunas noches, la soledad se le hacía inaguantable. Pero como él mismo había decidido expulsar de su vida a todos aquellos seres con manos delicadas y colitas de pelo que quizás lo quisieron, no podía quejarse demasiado. Ariel era algo idealista, algo extremista, algo prejuicioso. En fin, era un ser poco recomendable. Nada le caía bien. O lo querían poco, o lo querían demasiado. Las dos cosas eran para el la misma, y la resolución que tomaba para ambos casos, era olvidarse, eliminando a aquellos entes de su vida, injustamente y sin explicaciones. Quizás el hecho de que tampoco se las pidieran demostraba que, en una de esas, tal vez sí lo habían querido.




