LA QUINIELA
31 Diciembre 2008
2 comentarios
Si alguna vez he querido ser algún otro hombre, ya no lo recuerdo. Milagros, cada vez que puede, me recuerda que, efectivamente, he sido otros sujetos. Sujetos que le caían mucho mejor de lo que le cae este esposo en el que me he convertido. Casi siempre me recrimina esos abandonos de personalidad cuando observa detenidamente las resquebrajadas paredes de nuestro hogar; la total carencia de alfombra; o cuando se acuerda de la incumplida promesa de una luna de miel. Era cierto que Agostina había aparecido en el momento menos oportuno, pero eso era tanto responsabilidad mía como de ella.




