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LA GALERÍA – CAPÍTULO VIII Y FINAL

Un hombre desgarbado, de unos veinticinco años, se paseaba de un lado a otro en el corredor de un hospital humilde pero bien equipado. La ceniza del decimosexto cigarrillo caía sobre su barba sin llegar al piso. Castaña oscura, tupida, le cubría completamente las patillas y el mentón. Se le acercó una enfermera y le recordó por quinta vez que no se podía fumar en el pasillo. El impaciente muchacho le dijo que cosas como las que aguardaba no sucedían todos los días y que quería estar cerca de la habitación donde su esposa atravesaba esos sufrimientos delicados y exquisitos. El eco de sus gritos llegaba hasta el pasillo y la enfermera –rubia y regordeta- le guiñó un ojo antes de irse a limpiar las escaleras.

Los alaridos continuaban, pero la mujer no parecía sufrir. Eran gritos de dolor anestesiados por alguna conmoción superior. Por eso Luis no sufría, sólo se impacientaba. Tiró el cigarrillo al piso (todavía estaba por la mitad) y quiso encender otro pero la caja estaba vacía. Se desesperó: sin un canalizador de emociones, no podría soportarlo. Quiso salir a comprar, pero se había prometido no abandonar la sala en ningún momento hasta que todo terminara. Pensó que, como en los casinos, los hospitales deberían contar con alguna de esas maquinas que expenden tabaco: seguramente en los casinos y en los hospitales era donde más se fumaba. Luego recordó que el humo podía importunar a los enfermos. ¡Al menos en los pasillos!, se gritó convencido.

Aún no había pisado la mitad del cigarro que había dejado caer por lo que miró en todas las direcciones y, al corroborar que no había nadie, se decidió a recogerlo y volverlo a encender pero cuando se agachó, oyó un silencio polar. Los gritos se habían acallado. ¡Era el final! Desesperó y comenzó a sudar. El médico salió a darle la noticia, pero Luis lo pasó de largo y entró directamente a la habitación.

La cara de su mujer, más hermosa que diez años atrás, sudada y pálida, lo recibió con lágrimas en los ojos. Limpiándose la nariz con una toalla, susurró:

- Es un varón. – y volvió a llorar. La ceniza que residía en la barba de Luis comenzó a caer al piso empujada por un torrente de lágrimas que caía sin sentido pero con mucha decisión. No habían querido conocer previamente el género del nuevo habitante: si era una niña sería una Liza, pero si era un varón… Lo contempló unos segundos y agregó:

- Es un Dante.

Dante observaba toda la escena y únicamente en aquel momento comprendió absolutamente todo. La memoria de lo recién vivido iba desapareciendo lentamente: la galería, las puertas, Dominic. Ya no quedaba casi ningún recuerdo de aquellos sucesos sino la comprensión. Sus ojos empezaban a acostumbrarse a la luz y a la realidad, aunque aún veía borroso. Observó la cara de su padre cuya existencia él mismo había garantizado y supuso que la mujer que lo estaba sosteniendo era aquella morocha que, vestida de blanco, lo pasearía por un parque algunos años después. Se maldijo por su estupidez y se cruzaron por su pequeña cabecita todas las imágenes que había visto y elegido, toda su futura vida. Entonces quiso gritar, pero no le salieron las palabras. Quiso moverse, pero sus extremidades eran demasiado torpes. Su memoria volvió a emblanquecer, palideciendo del mismo modo en el que lo había hecho en la galería.

En el momento de máxima conciencia, en la cúspide de su entendimiento, todo se borró y comenzó a llorar desconsoladamente. Lloró, lloró tanto como pudo, tanto como lloran todos los niños cuando nacen. Lloró, tal vez, para gambetear al destino, como último instante de libre albedrío. Lloró y movió sus manitos antes de entregarse completamente a una existencia prefijada, preestablecida por él mismo sin saberlo y continuó llorando, ya por instinto, olvidando absolutamente todo, olvidando la inutilidad de toda futura decisión, la futilidad de cualquier acontecimiento.

Olvidando que todo está escrito y que la pluma del destino en un momento estuvo en su mano.

  1. 5 Junio 2009 a las 22:06 | #1

    La segunda frase me hizo recordar una escena de Crank 2… no sé si la viste… muy buena, je.

    Me voy a seguir leyendo.

  2. 5 Junio 2009 a las 22:15 | #2

    El comentario anterior sonará algo estúpido, pero es desesperante que se te cruce algo por la cabeza por más carente de sentido que sea y no tener a nadie para decírselo.

    ¡Qué buen final! Nonono, muy buena la historia, desde la primer mayúscula hasta el punto final. Me encantó. Excelente. Seguiría halagando, pero cuando lo hago me siento muy empalagosa y corto en algún punto.

    La cuestión es que me gustó mucho. La voy a imprimir para mostrársela a alguien.

    Saludos!

  3. 6 Junio 2009 a las 06:02 | #3

    No vi la película pero no me suena estúpido. De hecho, únicamente en virtud de tus comentarios es que subo estos cuentos “en capítulos” al blog. Los cuentos largos no los exponía.
    Me alegro mucho de que te haya gustado.

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