CONFESIONES DE UNA CIUDADANÍA (SUICIDA)
Es más fácil gobernar una ciudad acostumbrada a
vivir en libertad utilizando a sus propios ciudadanos
que de cualquier otra forma.
MAQUIAVELO
La queja constante y el acto de echar culpas constituyen dos de las actividades más arraigadas de todo argentino que se precie de tal. Ambos accionares intentan justificar, por un lado, la perpetua pasividad de una sociedad que ya no elige -no por ser oprimida sino por haragana- y, por el otro, silenciar los pequeños atisbos de conciencia social que se resisten a morir en una ciudadanía suicida.




