A Ernesto Fosatti le habían sucedido muchas cosas en los últimos tiempos. Había conseguido un nuevo empleo, se había mudado (dejando atrás a su familia) a un modesto departamento en Congreso, se estaba por recibir y se había separado. Se iba colocando metas para sentirse mejor consigo mismo, ya que se creía alguien bastante distinto, que nunca terminaba de encajar en ningún lado. Ernesto escribía en sus ratos libres y, quizás gracias a eso, comprobó que él era simple, que no era él el complicado, aun a pesar de ese rotulo que le habían impuesto. Una tarde de sábado, al volver de su trabajo (odiaba trabajar los sábados) comprendió que no era él el que no encajaba. Que no se odiaba a si mismo. Que no estaba indignado con su forma de ser. Se dio cuenta, en un repentino relámpago de razonamiento, que estaba hinchado las pelotas. Hinchado las pelotas de la gente. Hinchado las pelotas de ser una buena persona y ser tratado como un imbécil. Hinchado las pelotas de ser usado por personas que creía sus amigos y, especialmente, de ser usado por la mujer que lo acompaño durante tanto tiempo y por quien él, había postergado tantas cosas. Sus amigos y conocidos lo retaban por pensar de esa manera. Le decían que no podía pensar así de toda la gente, que no sea inductivista y, mientras lo tildaban de exagerado, lo evitaban o salían corriendo cuando el los saludaba. Se preguntó, entonces, por qué si se estaba por recibir, si veía con buenos ojo su cambio de empleo, si había podido construir, paso a paso, su propio hábitat y si, por fin, había dejado atrás a la mujer que le había robado su vida, todavía sentía un gran vacío en el alma y unas irremediables ganas de no conocer a ninguna persona… nunca más. La respuesta era simple… había confirmado todos los prejuicios (que en realidad eran uno solo) que tenia en su adolescencia. Y nunca es agradable confirmar un prejuicio. Después de tanto batallar, de tanto preocuparse, de tanto dar sin exigir remuneraciones, recordó aquella fatídica frase que tanto complicó su juventud; “estaba mejor solo”.
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