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Archivo para la Categoría "Incatalogables"

LAS JIRAFAS NO EXISTEN

(Informe elaborado por el Dr. Robledo y publicado en Ciencia & Etcétera número 141)

Las jirafas han sido protagonistas en las investigaciones científicas desde tiempos muy lejanos a nuestra comprensión. Toda la comunidad de investigadores fue advertida hace algunas décadas del descubrimiento de ciertos jeroglíficos hallados cuarenta metros bajo tierra en el estado mexicano de Coahuila. Sin embargo estamos muy lejos de haber llegado a un punto final en cuanto al debate sobre la existencia de estos particulares seres.

En este breve informe daremos cuenta de la inexistencia de la jirafa imponiendo ese tardío cierre definitivo del tema para, luego, poder dedicar nuestro tiempo a refutar otras tantas calumnias milenarias.

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A MODO DE DISCULPAS

22 Noviembre 2008 | leandro | Deja un comentario

Algunas noches, la soledad se le hacía inaguantable. Pero como él mismo había decidido expulsar de su vida a todos aquellos seres con manos delicadas y colitas de pelo que quizás lo quisieron, no podía quejarse demasiado. Ariel era algo idealista, algo extremista, algo prejuicioso. En fin, era un ser poco recomendable. Nada le caía bien. O lo querían poco, o lo querían demasiado. Las dos cosas eran para el la misma, y la resolución que tomaba para ambos casos, era olvidarse, eliminando a aquellos entes de su vida, injustamente y sin explicaciones. Quizás el hecho de que tampoco se las pidieran demostraba que, en una de esas, tal vez sí lo habían querido.

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NEOLOGISMOS

21 Noviembre 2008 | leandro | Deja un comentario

Resignado a no poder peroligarse de su ex tenenbaum, se rinoglitó en su pesta y se listipuso a contemplar la posibilidad de un tríngolo a mano especha. La había estiñulado desde aquella blandéndula en que la había estrictingado por primera vez, pero ella lo hestinoleaba cada vez que tenía la plantén. Tratando de olvidarse de ella, se jinobalió de que en el zebandról que había heredado de su abuelo, todavía versilaba aquel viejo cruítón. Estaba seguro de que todavía funcionaba. Además de no poder peroligarse de ella, su vida había dado somos fersinsectos en los últimos rimeles y, en realidad, hacía un frecton que ya barajaba la idea de un tríngolo. Creyó, al principio, que no tendría las mismilagias, pero sólo era cuestion de refunsuñar un poco y darse mantespa de que no había otra somora.

Unas tibias crémulas cayeron de sus redondos tébanos y de un solo churgón, acarició el viejo cruitón de su abuelo que llevaba hacía dos días en el fortinazo de su gangrela. Acarició el frió de su tischa y sin más borgelinas lo llevó hacia su cirstalema.

Ya no había prénulas para su serroño ni alfaguezas para su estiorna. Era el momento. Se despidió en sus georches de toda su clímula y, de un solo movimiento, se voló la psinalefa de los crismos.

UN INFORME ESCOLAR

15 Noviembre 2008 | leandro | 2 comentarios

ADVERTENCIA: Con motivo de que se le dio la reventada gana, Roberto Diógenes, el prestigioso compilador, decidió editar un compendio de historias escolares que reúne anécdotas escritas por niños de cuarto, quinto y sexto grado de la Escuela Comodoro Clodomiro Urtubey, entre los años 1995 y 1999. Por esta razón, al tratarse de relatos de niños de nueve, diez y once años, el lector encontrará varias notas del editor responsable (o sea, yo), incorporadas con el fin de volver más legibles y comprensibles los tímidos relatos de estos muchachitos.

INFORME DE PEDRITO- 5° GRADO- 1996

La seño me pidió que escriba algo. [1] Algo que me pasó a mí. Y esto pasó el otro día a la salida del cole. Pero nunca nos piden escribir algo, acá hay algo raro. [2]

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MIEDO

Mi habitación, yo. Solo. A oscuras. La luz del monitor. Un cigarrillo. Una botella por la mitad. Solo. Afuera, el mundo. Se oyen risas, bocinas, gritos.

Parece divertido.

Adentro. Gente bailando. Gente hablando. Gente excitándose. Gente.

Afuera, yo. Solo. A oscuras. La luz de la luna tenia demasiado marketing… no me ilumina. Un cigarrillo. Una botella por la mitad. Solo.

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HISTORIA DEL HOMBRE QUE SE HABÍA HINCHADO LAS PELOTAS

A Ernesto Fosatti le habían sucedido muchas cosas en los últimos tiempos. Había conseguido un nuevo empleo, se había mudado (dejando atrás a su familia) a un modesto departamento en Congreso, se estaba por recibir y se había separado. Se iba colocando metas para sentirse mejor consigo mismo, ya que se creía alguien bastante distinto, que nunca terminaba de encajar en ningún lado. Ernesto escribía en sus ratos libres y, quizás gracias a eso, comprobó que él era simple, que no era él el complicado, aun a pesar de ese rotulo que le habían impuesto. Una tarde de sábado, al volver de su trabajo (odiaba trabajar los sábados) comprendió que no era él el que no encajaba. Que no se odiaba a si mismo. Que no estaba indignado con su forma de ser. Se dio cuenta, en un repentino relámpago de razonamiento, que estaba hinchado las pelotas. Hinchado las pelotas de la gente. Hinchado las pelotas de ser una buena persona y ser tratado como un imbécil. Hinchado las pelotas de ser usado por personas que creía sus amigos y, especialmente, de ser usado por la mujer que lo acompaño durante tanto tiempo y por quien él, había postergado tantas cosas. Sus amigos y conocidos lo retaban por pensar de esa manera. Le decían que no podía pensar así de toda la gente, que no sea inductivista y, mientras lo tildaban de exagerado, lo evitaban o salían corriendo cuando el los saludaba. Se preguntó, entonces, por qué si se estaba por recibir, si veía con buenos ojo su cambio de empleo, si había podido construir, paso a paso, su propio hábitat y si, por fin, había dejado atrás a la mujer que le había robado su vida, todavía sentía un gran vacío en el alma y unas irremediables ganas de no conocer a ninguna persona… nunca más. La respuesta era simple… había confirmado todos los prejuicios (que en realidad eran uno solo) que tenia en su adolescencia. Y nunca es agradable confirmar un prejuicio. Después de tanto batallar, de tanto preocuparse, de tanto dar sin exigir remuneraciones, recordó aquella fatídica frase que tanto complicó su juventud; “estaba mejor solo”.

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UN VIAJE NEFASTO

Un box de veinte costaba tres con setenta y adquiriéndolo mi vuelto sería de seis pesos con treinta centavos (tres billetes de dos, seguramente). No servía. Luego de citar varias veces a Tales y a Pitágoras, llegué a la conclusión de que necesitaría gastar más de seis pesos y menos de siete con diez para lograr el objetivo.

Compré el ya citado box de veinte, un alfajor (dos pesos más) y llegué a los cinco con setenta. Orgulloso de mis cálculos y de mi victoria sobre el quiosquero y sobre todo el sistema financiero argentino, elegí una golosina al azar (sin consultar su costo) para completar el número milagroso. El azar es el diablo.  “Siete con veinte”, fue todo lo que dijo el señor. No podía humillarme y admitir el fracaso ante el quiosquero cambiando de golosina, así que la maniobra fallida me legó, mucha comida, cigarrillos de más, ochenta inútiles centavos y la necesidad de buscar otro quisco. Lo solucioné todo con un Mantecol de un peso con veinticinco, pero la ciudad y yo supimos que perdí mucho más que ocho pesos con cuarenta y cinco centavos.

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EL BESO QUE NO FUE

Se han contado miles de historias de besos que no fueron. Pero pocas, o ninguna, de un beso que haya sido negado por amor. Se dirá que muchos hombres han negado el beso de alguna mujer porque amaban a otra. Correcto. Se dirá que muchas mujeres han empujado a los besos de falsos Romeos. Correcto también. Pero, el beso que el hombre le negó a una mujer en nombre del amor que le tenía, precisamente a ella, es una historia que solo podía sucederle a Esteban Fiorini.

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LA VERGUENZA DE HABER SIDO…

Se arrepentía de haber dicho muchas cosas, era cierto. Sobre todo por manifestar abiertamente ciertos sentimientos que sabía bien que eran efímeros y que de nada valía fingir un para siempre. De ese modo, el sería (y fue) tan hipócrita como los demás. Pero para un hombre como el, fingir era inevitable. Se arrepentía de haber dicho algunas cuestiones, más no así de haberlas sentido, de haberlas arropado, aunque hayan sido pocos los minutos sinceros, en su corazón. Comprendía (y lo hizo desde el principio) que todo era mentira. La falsedad futura de algunos sentimientos no alcanza para no invitarlos a comer de vez en cuando. Sólo los espíritus cobardes se amedrentarían frente algo que pareciera ser una mentira. Por eso es que no se arrepentía bajo ningún punto de vista de haberlos querido, de haber disfrutado un tiempo, de haberla querido más a ella que a ninguna y de haber amado a aquella otra. El problema estaba en habérselos comunicado. Por las noches ese recuerdo de él mismo diciendo cosas que se sabía calumnias frente a la mirada de ellos, lo carcomía. ¿Con qué necesidad decírselo? Quizás con la esperanza urgente de que al decirlo, al convertirlo en realidad, aquellas sensaciones fuesen más duraderas. Quizás con decirle que la amaba se aseguraría la demora del desamor. Quizás con darle a entender que la quiso más que a ningún otro ser que haya conocido, se albergaba la posibilidad de que, al menos, ella se diera cuenta.

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MENSAJE DE TEXTO

6 Septiembre 2008 | leandro | Deja un comentario

Hacía mucho tiempo que Damián no la veía, pero eso no era excusa para no recordarla, para no recorrerla mentalmente, para no llorarla, para no sufrirla, para no amarla.

¿Extrañarla? Para nada. Era esa sensación de poder potencialmente amarla hasta el final de los tiempos, hasta el Apocalipsis mismo. Ese sentimiento realmente eterno que se percibe cuando no se habla ni se establece relación con la mujer que es objeto de nuestro amor.

El 105 hasta el Correo Central. Alrededor de cincuenta minutos de puro pensamiento ineludible. Se puede tratar con libros, con música, con observar a alguna muchacha y tratar de imaginar o inventar la historia que hay detrás de sus pechos. Se pueden intentar infinitas vías de escape, pero los viajes en colectivo obligan al pensamiento y a la retrospección.

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